
Hacía 10 años que no me calzaba unos patines y el sábado fué el día. Bulli, Hbugui y yo nos fuimos por la tarde a las pistas de panitaje.
Tras una ardua jornada de trabajo, limpiar, ordenar, planchar, empezar una peli y tras un viernes de lagrimas sin ton ni son, lagrimas porque sí, el sábado fue Fondant.
Estuvimos patinando, Hbugui lo hizo fenomenal para su bautismo y para haber perdido los frenos, Bulli dio muestras de su poderío y demostró que quien tuvo retuvo. Se enfundó las botas blancas y ole, ole y ole. La que suscribe... no había entrado en la pista cuando estaba depositando mis posaderas en el plano, risas, risas y risas.
Disfruté, sudé, me reí, me caí, avancé, siempre pegadita a la valla, por supuesto, no fuera que los puntos se abrieran. A punto estuve de sacarme un hombro pero no llegó la sangre al río. Una tarde deliciosa.
Como la vida en fantástica, cojonuda, genial, generosa... los planes se cambiaron en segundos.
La cita era con el jardinero fiel, sabía el plan, no había prisas. Esperaba disfrutar hasta la cita de un tiempito de cine (vicio que estoy recuperando para mi deleite).
SMS de mi Ano, entradas, 2, gratis, pase especial, Chicago el musical. No me lo pensé dos veces. "Siiiiiiiiiii quiero". La maquinaria empieza a andar. Tiendo al jardinero, no way, tiento a mi Condesa Descalza, no way, llamo a unos cuantos que no cogen el teléfono y los que lo cogen ya tienen planes. Entre llamada y llamada, mi Don Juan, al cual me habia propuesto y lo estaba haciendo, no volver a llamar, me llama.
Invitación, doble negativa. Las palabras, la actitud o vete tú a saber el qué, hacen que cambie de planes. Se viene. Todo sobre ruedas.
Tenía claro que renunciaba a una velada precisa por otra fantástica. No iba a desperdiciar la ocasión de disfrutar de un musical. Adoro los musicales. Me hubiera ido sola si no hubiera encontrado acompañante.
Nada de lujos, elegante pero informal, deportivas y jeans, al teatro directa voy.
Gran Vía, sábado, voy con tiempo pero no contemplo la posiblidad de la lluvia. Atascos, parkings a tope, completos, angustias, me como los dedos, segunda vuelta, diez menos 5. Consigo entrar, pregunto a un señor que va con su hija, direcciono mi auto y me dirijo a su plaza. Ano me llama, ya llego, Don Juan me llama, ya llego. Llego. besos tardíos y acomodación tranquila, va con retraso, uf la suerte me sigue sonriendo... Reprocho la no felicitación y la presunta vergüenza justifica la no llamada el martes.
Disfruto, sonrío, saboreo la música, las letras, las actrices, los actores, la orquesta, me encanta. SMS del doc, cariñoso, dispuesto, no lo leo pero una gran sonrisa de satisfación se me escapa, en unas horas llega el segundo, preguntando por mi compañía y mis actos... Esto es real, los fantasmas no existen, sólo en nuestra cabeza.
Finaliza el espectáculo, cañas, ninguna intención en la cabeza. Cena para dos. Paseo para dos, cafés para dos, abrazos entre dos, besos entre dos. Cuando no vas con intención de nada, paseas y disfrutas de las calles de Madrid del brazo de un caballero y todo rueda solo, se fabrican unas pompas de colores bellísimas, mis pompas de jabón. Cual quinceañera adolescente empaño los cristales, me rio nerviosa, le beso nerviosa, agusto, se me va el sueño. En unas horas he retrocedido diez años, patines, coche...
El sol ilumina la Gran Vía, las luces de la noche dan paso a las luces soleadas de un domingo estupendo. Me siento tan feliz que no quiero que la gran pompa de jabón se disuelva pero así ha de ser, para que una nueva vuelva a surgir.
Colofón a un bonito fin de semana: interesados en la casa, el jueves confirman sin nos quitan el ultimo lastre del pasado. Recupero mis joyas devueltas en momentos de enajenación dolida por una ruptura no anunciada. Es la prueba evidente de que no me importa, no le quiero. Es solo el pasado difuso de un presente sin sentimientos unidos por unos tesoros.
La vida es generosa, todo pasa para bien, los planes surgen, cambian, se transforman, se alteran, siempre para bien. Tengo la sonrisa tonta de la felicidad.